Comunidad

LA ESPAÑOLA, 50 AÑOS

Mario Edilberto Torres del Corral
PRESIDENTE
JAC LA ESPAÑOLA

Cuando recorro La Española, sus calles, sus parques o entro al hogar de algún amigo, no puedo dejar de extrañar aquellos momentos vividos en la infancia, en la juventud, en la adultez. Recién llegados todos nuestros padres se esmeraron por conocerse, por compartir, se alegraban…era la concreción de sus sueños. Para muchos su primera casa, para otros el descanso propio para tanto esfuerzo, para la mayoría su nuevo hogar. Y empezamos a crecer y sentir, y corríamos jugando escondidas, el “tarrito”, el futbolito de calle, los ponchados…en vacaciones teníamos la mejor excusa para hacer la mejor “patineta o el mejor carro esferado”, no era la preocupación del ahora, ni siquiera se sentía hambre, ni sueño todo era de colores.
Después la primera novia, la vuelta en bicicleta, la chupada de paleta, la Kike & Beto, y aún quedaba tiempo para sonreír y compartir…esperábamos con ansia el viernes para sentarnos a echar cuento y a dilucidar deseos hasta que alguna mamá gritaba: para d´entro que tienen que madrugar!  Y ahí empezó la juventud hacer estragos: refunfuñábamos para hacer el oficio general de la casa, hacer el mercado, lavar el carro, sacar la basura… pero de todas maneras estábamos creciendo. El parque del ocho, famoso por su puente ya no era tan motivante. Era mejor jugar beisbol en el parque Roma, o jugar baloncesto en las acacias o en la amistad. Pero lo mejor era ir a la misa de los domingos para escuchar al padre Valencia y de paso vernos todos. Con el tiempo nos volvimos importantes, gente grande con preocupaciones grandes, tan grandes que no pudimos volver a vernos, ni a participar de las coca - colas bailables, ni de los conciertos de Fike Band, y después se fueron a buscar futuro a otras tierras, algunos se quedaron como tercos para mantener la tradición, y aún están esperando para poder volver a sonreír. Algunos ya viejos se quedaron solos, otros partieron a buscar la luz y otros aun recorren las calles. Solo esperamos que cuando los que se fueron vuelvan, encuentre la alegría y a sus amigos que conocieron hace 50 años.

Este 29 de Diciembre de 2016, debe ser la fecha de llegada para quienes vuelven y el principio para que la segunda y tercera generación que vive hoy, construyan los valores, la tradición, la alegría…en fin la comunidad solidaria, fraterna, participativa, respetuosa, con futuro para sus hijos, sus abuelos, sus mujeres… en fin, que cuento tan largo, ya me dio sueño, solo espero que mañana cuando despierte ya se me haya ido la nostalgia.  

“NO queremos antenas de telefonía cerca de nuestros hogares”

  • Con un rechazo absoluto se han pronunciado los residentes de los Álamos y Los Ángeles ante la pretensión de ubicar una estación de telecomunicaciones inalámbricas en el sector.
  • Los argumentos son múltiples y van desde el derecho a un ambiente sano, a la salud, la vida digna, integridad física, afectación visual y arquitectónica del barrio, hasta la no discriminación.
El proyecto de instalar dicha estación pertenece a la empresa Torres Unidas, quien argumenta “la necesidad de proveer un área con servicio de telefonía celular inalámbrica o mejorar la calidad del servicio existente”. Sin embargo, miembros de la comunidad, aseguran que a pocos metros del lugar ya existe una torre de telefonía celular y por consiguiente no van a permitir que se instale otra en el corazón de sus hogares, en una terraza contigua a casas habitadas por ancianos y niños; deteriorando el aspecto del lugar y exponiendo la salud de las personas.
Tal es el caso de la señora Yolanda Hernández de Jara, de 78 años, a quien hace 8 le practicaron una cirugía de corazón abierto y ha recibido tratamientos con medicina nuclear para regular la tiroides. “La mayoría de los que vivimos en el sector somos personas mayores, con enfermedades coronarias, que llegamos al barrio hace más de 40 años. No estamos de acuerdo con esa instalación porque vemos amenazada nuestra salud y no queremos llegar a tomar medidas como recurrir a la justicia a través de acciones de tutela o tener que irnos del barrio donde hemos vivido toda nuestra vida”,  afirmó.
Además, muy cerca de la terraza escogida para la construcción de la estación, funcionan cuatro jardines infantiles, de los cuales dos de ellos pertenecen al ICBF.
 “Con todo el cariño le digo esas personas que piensan alquilar su terraza para construir la estación y que además están recién llegadas al barrio: Nadie nos puede violar nuestros derechos. Deben considerar que no viven solos, que están alrededor de muchas familias. Exigimos respeto por los que estamos alrededor y habitamos el barrio hace mucho años”, dijo Yolanda.

Autoridades Vs comunidad
Aunque las autoridades en la materia afirmen que, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, las ondas emitidas por dichas estaciones no perjudican la salud humana, los residentes citan la sentencia T-1077/12 de diciembre de 2012, emitida por la Corte Constitucional en la que se ordena a Telefónica Telecom S.A. E.S.P. desmontar una estación en Fresno –Tolima, por encontrarse a 41 metros de la residencia de una menor con cáncer. Y al Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones le indica que, “en aplicación del principio de precaución, regule la distancia prudente entre las torres de telefonía móvil y las viviendas, instituciones educativas, hospitales y hogares geriátricos”. En el texto de la misma sentencia se expone el caso de un grupo de 31 científicos de 14 países, que mediante un Comunicado de Prensa clasifican los campos electromagnéticos de radiofrecuencia como posiblemente carcinógenos para los humanos.
Y así, existen otras sentencias de la Como la de la Corte Suprema de octubre de 2015, la cual fue emitida en respuesta a una acción de tutela interpuesta por una mujer de 54 años que padece de cáncer. La Sala Civil de la Corte Suprema de Justicia, a cargo de la magistrada ponente Margarita Cabello Blanco, ordenó retirar una antena de telefonía móvil localizada a 40 metros de su casa.
Para la Corte Suprema, “la exposición a la radiación electromagnética que puede producir la antena de telefonía móvil le conlleva riesgo, no obstante la inexistencia de estudios científicos al respecto, de sufrir una afectación grave en su salud, dado su padecimiento, por lo que, de materializarse el peligro, las consecuencias serían irreparables”. Además, la Corte señala que “cuando exista peligro de daño grave e irreversible, la falta de certeza científica absoluta no podrá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces”.
En la tutela, la paciente argumentó que se le estaban vulnerando el derecho a un ambiente sano y los principios de precaución. Además, que la antena fue instalada “sin autorización de una autoridad competente y sin consulta previa con la comunidad”.

La empresa responde
El Hormiguero contactó a la empresa Torres Unidas, gestora del proyecto de instalación de la estación de telecomunicaciones inalámbricas, y al informarles la inconformidad de la Comunidad, respondió que ésta “no ha manifestado argumentos ni razones debidamente justificadas de índole arquitectónico, médico, técnico ni jurídico, que conlleven a determinar que para este caso en particular, lo más apropiado sea que el interés general ceda al interés particular de esta Comunidad en específico”.
“El despliegue de infraestructura de telecomunicaciones hace parte del interés general  de los Colombianos, ya que permite el acceso a las tecnologías de la información y las comunicaciones en todo el país y está íntimamente relacionado con el derecho a la educación.  Nuestros niños son el futuro de la Nación y al no estar familiarizados con las tecnologías de la información y las comunicaciones, pierden competitividad frente a los niños de las naciones que sí tienen dicho contacto. Por tanto, es un compromiso de todos, incluyendo a las comunidades, permitir que el despliegue de infraestructura sea una realidad y que esto permita a las generaciones futuras abrirse puertas tanto en mercados locales y extranjeros con altos estándares en conocimiento para que las TICS sean accesibles para todos y no un “lujo” de unos pocos”.

Marco legal
En Engativá, la Agencia Nacional del Espectro –ANE- posee tres ondas encargadas de medir los niveles de exposición a campos electromagnéticos: una en Mortiño en la carrera 112C con 71D, otra en Quirigua en la transversal 96 con 83 A y en la calle 66 con 65 A, barrio la Estrada. Según Martha Suárez, directora de la ANE, “las ondas de estos puntos arrojan un histórico de mediciones permanentes en los que consta que los niveles de exposición están muy por debajo de los límites establecidos”.
Cabe aclarar que los mencionados límites establecidos, son tomados en Colombia por recomendación de la unión internacional de las comunicaciones que se basó en estudios de la Organización Mundial de la Salud –OMS- y la comisión internacional de protección contra radiaciones no ionizantes, entidades competentes e idóneas en la materia a nivel mundial.

“La ANE en Colombia, supervisa que se cumplan los niveles de exposición establecidos, lo que se hace a través de un sistema de monitoreo permanente y disponible en línea, de acceso público en el link espectro visible de la página www.ane.gov.co”, puntualizó la directora.

Habitantes del barrio Mirador II, víctimas del desarrollo económico  
Este es el panorama del barrio Mirador II afectado por la desorganización institucional en torno al tema de la ampliación de la avenida Mutis y por la desidia del aeropuerto El Dorado.
·  Centenares de familias conviven con el abandono entre botaderos de basura, roedores, habitantes de calle y delincuencia, gracias a la desorganización institucional en el proceso de ampliación de la avenida José Celestino Mutis.
·   Como si fuera poco, la constante nube de polvo emanada por obras del aeropuerto les obliga a permanecer con telas húmedas debajo de sus puertas para proteger a sus niños y personas mayores de la contaminación.

Como si hubiera habido una cruenta guerra o un atroz terremoto, se encuentran las casas del barrio Mirador en el occidente de Engativá. Aquel barrio que vio crecer por más de 30 años varias generaciones y que en otrora fue punto turístico por permitir el avistamiento de decolajes y aterrizajes de las más sofisticadas aeronaves de la época, hoy es un campo desolado, arruinado, de temerosos escombros y continuas visitas de inescrupulosos que convirtieron sus calles en botadero de desechos orgánicos.
Lo anterior, gracias a la construcción de la continuación de la avenida José Celestino Mutis, que destaponará un importante sector de la ciudad y beneficiará la movilización del libre comercio gestado en los alrededores del aeropuerto. Este barrio debe desaparecer para dar paso a la gran vía.
El desarrollo es inevitable y bienvenido, pero lo inadmisible es que se haga a costa del sufrimiento y el abandono de la gente, que para colmo resultan ser siempre los más humildes y vulnerables.
Leyla Aldana Pedraza, habitante de barrio Mirador II, lo evidencia al afirmar que “el barrio está lleno de ladrones e indigencia, hay basuras, la gente se ha ido y ha dejado las mascotas solas, que terminan muriéndose de hambre. Han venido camionetas a botar pescado en descomposición, los animales se lo comen y se mueren, tenemos una problemática ambiental y sanitaria terrible y pedimos ayuda urgente de las entidades, las organizaciones ambientales y la policía”.
Pero al parecer, nadie los escucha. Sabemos que el interés general prima sobre el particular, pero también sabemos que las entidades involucradas –IDU, Secretaría de Ambiente, Personería, empresas de servicios públicos, Iglesia, Policía, Alcaldía Local, etc- deben trabajar articuladamente para ocasionar el menor daño posible a las familias que no escogieron esta situación y hoy pagan un alto costo económico, moral, psicológico, físico y mental.
Desde que llegó la notificación del IDU, la negociación se demoró cerca de un año pues inicialmente no queríamos negociar porque nos pagaron muy mal. Con la plata que nos dan no nos alcanza para una casa de las mismas condiciones y nos ha tocado endeudarnos en los bancos para poder comprar una casita más pequeña y sin acabados como la que tenemos. Nos pagaron sólo el terreno, sin tener en cuenta las construcciones, ni los acabados, ni las afectaciones psicológicas por dejar tirados todos los esfuerzos de vida”, advierten otros vecinos del sector.
El proceso ha sido muy lento y deshumanizado. La mayoría de los predios ya están desocupados, los vecinos se han ido pero han pasado cuatro meses y las casas siguen abandonadas. Tan pronto las desocupan, llegan habitantes de la calle a desvalijarlas, a convertirlas en baños públicos y hasta en dormideros. Se agreden por lo que hay. Ya hubo dos muertos, el último puñaleado sin piedad.
El IDU aún no recibe las casas porque faltan los paz y salvos de las empresas de servicios públicos: acueducto, gas y codensa. Quienes a su vez, manifiestan que el proceso se demora porque hay un listado de más de 200 personas por delante. Y así pasan largos días y muchos meses, para los que aún no han logrado la negociación o no han conseguido para dónde irse y deben permanecer allí, viviendo entre la basura, los ladrones, las plagas y la desolación. “Nos conmueve saber que tan pronto nos vayamos, van a llegar los indigentes a apoderarse de nuestra casa, que ha sido cuidada por tantos años. Todo por la negligencia y la ausencia de planeación de las entidades involucradas” afirman los afectados.

El aeropuerto construye sin ninguna mitigación

Como si lo anterior fuera poco, desde hace más de seis meses el aeropuerto El Dorado, realiza una obra a pocos metros de la misma comunidad afectada por la ampliación de la avenida José Celestino Mutis. Dicha obra no cuenta con ningún procedimiento de mitigación a la contaminación, como si no existieran familias a su alrededor.
De tal suerte, que cada vez que sale o llega una aeronave, lo que sucede varias veces por minuto, una espesa nube de polvo cubre sin consideración a centenares de personas incluyendo sus autos, enseres, electrodomésticos y demás.
Los habitantes ya no saben qué hacer ni a quién acudir. Nadie los ayuda, nadie los visita, nadie los escucha. “Todo está vuelto nada, estamos aburridos por la neblina de polvo de la obra del aeropuerto, nos sentimos ahogados, lavamos y al momento toca poner trapos mojados debajo de la puerta para mitigar el polvo”.  “¡De por Dios! que rieguen agua, que mitiguen el polvo, que visiten la  comunidad y se den cuenta de todo el perjuicio que estamos viviendo por su causa”, son los clamores desesperados de los barrios Mirador I y II.
Dentro de algunos años, los dirigentes de turno saldrán en los medios masivos inaugurando las monumentales obras cuyos motivos son el desarrollo económico del país, para las que se invirtieron importantes sumas de dinero. Pero nadie sabrá el costo en lágrimas, angustias, sufrimientos, resentimientos y hasta vidas de humildes ciudadanos, de esta magna construcción.


Engativá albergará el nuevo parque metropolitano de la capital

El parque Metropolitano El Cortijo contará con: Maloka, (teniendo en cuenta la comunidad indígena residente en Suba y Engativá), Reservorio de agua y cultivo de peces, Vivero de especies nativas, Jardín Botánico, Domo geodésico, Parque temático con puntos de avistamiento, Senderos ecológicos y Densas barreras ambientales en su alrededor.
·      En dos años aproximadamente, el parque metropolitano el Cortijo abrirá sus puertas a la comunidad científica, educativa, étnica y visitantes en general.
·   Estará ubicado al norte de la calle 80, antes de salir de Bogotá, en el predio donde inicialmente se había planeado construir una planta de reciclaje. Será más pequeño que el parque Simón Bolívar pero de carácter ecológico y ambiental.

El nuevo parque metropolitano El Cortijo, será un espacio de libre acceso a todos los bogotanos, de recreación pasiva, con mirador de aves, senderos ecológicos, Centro de interpretación ambiental, salas dotadas y ambientadas, apto para los deportes amigables con el ambiente, especies de flora y fauna nativas y extensos espejos de agua.
Así lo registró el ingeniero Freddy Ortiz, referente ambiental de la alcaldía de Engativá, quien además explicó que la construcción del parque es el fruto del trabajo de la Mesa de concertación para el saneamiento integral de la cuenca del Río Salitre, conformada por autoridades distritales y locales, organizaciones ambientalistas y comunidad aledaña.
Dicha mesa fue creada en el marco del proyecto FIAB, de adecuación hidráulica y recuperación ambiental del Río Bogotá, ejecutado por la Corporación Autónoma Regional CAR, con el que se busca la tan anhelada descontaminación del Río y la ampliación de su cauce, para mitigar riesgos de inundaciones en futuras crecientes.
Con este proyecto se adelantan trabajos como la construcción de un parque lineal y un sendero peatonal, la ampliación de la zona inundable y el levantamiento de nuevos jarillones lo largo del cauce del Río Bogotá así como la ampliación y optimización de la planta de tratamiento PTAR Salitre ubicada en el sector de El Cortijo en Engativá, como mecanismo para descontaminar las aguas que van a parar al mismo.
De acuerdo con Norma Carmona, directiva del proyecto, la ampliación de la planta de tratamiento PTAR Salitre, permitirá que se pase de tratar 4 metros cúbicos por segundo de una manera primaria donde sólo se sacan basuras y lodo, a sanear hasta 26.2 mts cúbicos por segundo, con un proceso de recuperación químicamente asistido, para que el agua salga con calidad superior y pueda ser utilizada tranquilamente en el riego de cultivos de frutas, verduras y hortalizas aledaños a la capital, los que finalmente van a parar en la mesa de los bogotanos.

Compensaciones
Teniendo en cuenta que para ampliar la PTAR se tendrán que rellenar las 4 hectáreas del humedal El Cortijo, por razones técnicas y operativas, la comunidad presentó una propuesta de compensación que plantea la construcción del parque Metropolitano de carácter ecológico y ambiental, la creación de 2 espejos de agua con una extensión de 14 hectáreas, la restauración y recuperación ecológica de tres Madres viejas y la construcción de las zonas de compensación antes de rellenar el humedal, para garantizar el traslado correcto de la fauna y flora existente.
De igual manera el Ingeniero Aníbal acosta, Gerente del proyecto FIAB aclaró que con la ampliación de dicha planta no habrá problemas de olores y plagas toda vez que el funcionamiento de la segunda fase de la PTAR se realizará de manera cubierta herméticamente y los gases generados se emplearán en la producción de la energía eléctrica que se reutilizará en los procesos de la misma planta.

La compensación no será suficiente: comunidad

No obstante, algunas autoridades y miembros de la comunidad ven con desconfianza y se oponen a la ampliación de la PTAR, argumentando que esta fue una decisión arbitraria que atenta contra el humedal El Cortijo. Así lo advirtió en agosto pasado, el concejal Jairo Cardozo quien denunció que la construcción de la planta de tratamiento de aguas residuales (PTAR) Salitre dejará graves secuelas ambientales, para la calidad de vida y la salud de más de 160 mil habitantes de los barrios Ciudadela Colsubsidio, Quintas de Santa Ana, Los Eucaliptos y El Cortijo.
“A pesar de que el proyecto ofrece una compensación ambiental, mediante la construcción de un parque metropolitano, y la implementación de lagos artificiales, esto no será suficiente para reparar el grave daño ambiental que se ocasionará con el relleno de este humedal. El proyecto no fue debidamente socializado con los habitantes del sector, quienes manifiestan que las entidades estatales, participantes en el proyecto, firmaron un acuerdo sin la participación real de los barrios de la UPZ 72, comportamiento que consideran violatorio de sus derechos”, puntualizó el Concejal.

La propiedad horizontal en Engativá, lanza S.O.S a las autoridades locales

·    Se necesita con urgencia la creación del Consejo Local de Propiedad Horizontal que articule a esta creciente población y sus problemáticas, con las autoridades.
·     El 52.5% de los predios de Engativá se encuentran en propiedad horizontal.

Desde que la Alcaldía Local tumbó las rejas que bordeaban el conjunto residencial Parques de la Avenida Chile, los niños ya no pueden salir a correr ni a columpiarse, tampoco los adultos mayores volvieron a caminar o tomar el sol entre los prados. Tienen miedo. El miedo que asalta a cualquier ciudadano que al abrir la ventana de su apartamento se encuentra de frente con el transeúnte que silencioso arma su cigarrillo de marihuana o con el joven de mirada sospechosa que intenta descubrir entre las cortinas lo que hay dentro de la sala.
Sus habitantes, cuando compraron el apartamento, lo hicieron pensando en la seguridad de su familia y por eso optaron por un conjunto cerrado. Sin saber, que con el correr de los años por un fallo legal quedarían expuestos a todos los vejámenes que se deben soportar en una metrópoli como Bogotá. Lo importante era cumplir la Ley a como diera lugar, sin importar la calidad de vida de los ciudadanos.
De acuerdo con Elvira Vargas, administradora y Representante Legal del Conjunto residencial Parques de la Avenida Chile, “la administración de Enrique Peñalosa en ese entonces, se empeñó en quitar los cerramientos sin tener en cuenta el perjuicio que causaban”. Ahora los conjuntos están a la merced de Grafiteros que rayan sin piedad las paredes arruinando el mantenimiento al que le han invertido esfuerzos y  dinero. O de recicladores, que todos los lunes y miércoles en la madrugada se reúnen a separar residuos, sin contar los expendedores de drogas, atracadores  y habitantes de calle, que han hecho de la zona un dormidero de paso y hasta la han convertido en motel, a tan sólo un bloque de distancia de la tranquilidad de sus hogares.

Las zonas verdes: tierra de todos y de nadie
Cuando tenían los encerramientos, los residentes hacían mantenimiento, poda y cuidado de los objetos ubicados en la zona verde, armonizando el ambiente y la convivencia entre vecinos y visitantes. Hoy, en manos del Estado, “escasamente vienen a podar el pasto a la carrera” y tristemente se ven los juegos infantiles abandonados y los escaños craquelados por la intemperie. Ahora, nadie responde.
No son los únicos, pues esta problemática la viven muchos de los conjuntos cerrados de la ciudad, que equivalen al 70% de las viviendas de Bogotá. Según el Censo Inmobiliario 2014 de Catastro Distrital, tan sólo en Engativá existen 99.367 unidades residenciales en propiedad horizontal que, contando con las unidades comerciales, equivalen al 52,5% de los predios de la Localidad.
Por eso muchos conjuntos se han organizado con otros aledaños, para exigirles a las autoridades competentes que tengan en cuenta sus problemáticas y no los dejen solos. Reclaman que los conjuntos cerrados “son islas separadas”, pues no se les tiene en cuenta como a las Juntas de Acción Comunal que tienen participación, auxilios y dotaciones. “Nos rige la ley 675 de 2001 que nos cataloga como entidades sin ánimo de lucro. Tenemos que asumir nuestros gastos, pagar impuestos, valorización, servicios altos, administración, pero no tenemos ningún respaldo ni consideración del Estado”, continúa la administradora.
“Recordamos con impotencia aquellas épocas cuando con la asesoría de la dirigenta Lilia Avella, tocamos las puertas de varias entidades como Espacio Público, pero nada hacen, porque tienen que cumplir la norma y la alcaldía debe proceder”. Sin embargo, advierten que no desfallecen y continuarán en la búsqueda de soluciones a sus problemáticas, hasta que puedan garantizarles la seguridad a sus residentes y familiares.


Botaderos de basura convertidos en jardines


·    En Engativá, 36 botaderos de basura, escombros y residuos peligrosos, se han convertido en jardines, gracias a la labor de algunas entidades locales y distritales en asocio con la comunidad.

La más reciente intervención se realizó en el entorno de la calle 97 con carrera 91, barrio Luis Carlos Galán, donde adultos mayores, jóvenes, niños y comerciantes del sector, atendieron el llamado a empoderarse de sus calles para, cuidarlas y convivir en ambientes agradables y limpios.
Así lo registró la empresa Aguas de Bogotá, quien junto a entidades como las Secretarías de Ambiente, Salud y Gobierno, la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos –UAESP, El hospital de Engativá, Jardín Botánico, la Alcaldía Local, Plazas de mercado, el Instituto para la Economía Social –IPES, la Policía Nacional y la comunidad, adelantaron durante más de cinco meses las mesas llamadas ´Basura Cero´, para identificar los puntos críticos y priorizar su intervención de acuerdo con la urgencia de su situación. De esta manera barrios como Garcés Navas, Quirigua, La Estrada, Europa, Bella Vista, Villas de Granada y Villa Gladys, entre otros han vivido la transformación de sus puntos críticos, o basureros, en jardines comunitarios.

El Procedimiento
De acuerdo con Fernando Zuluaga Flores, promotor territorial de Aguas de Bogotá para Engativá, primero se identifica y se hace seguimiento al sitio, luego se adelanta un proceso previo de  sensibilización con las comunidades para mitigar el arrojo de residuos, y ahí viene la intervención. Sin embargo, el funcionario advierte que no hacen intervención sin el compromiso de la comunidad, para que asuman la responsabilidad posterior de dar mantenimiento y sostenibilidad a la recuperación. Han encontrado puntos demasiado críticos, que son históricamente zonas de carreteros y botaderos de escombros.

Para Lisa Pardo, vocera del Hospital de Engativá, el éxito con las jornadas de recuperación requiere:

1.    Concientizar a las personas para que separen en la fuente.
2.    Puntualidad en la recolección, articulación institucional y trabajo conjunto para que no se quede en sensibilización.
3.    Cumplimiento por parte de la sociedad civil para que haya sostenibilidad.


Durante los operativos de limpieza se reutilizan llantas usadas, las cuales son pintadas de colores y usadas como materas para embellecer las zonas que estaban siendo focos de contaminación. Aguas de Bogotá se hace cargo de la recolección de basuras y coordinación de la jornada. La Alcaldía Local aporta la tierra abonada y la comunidad pinta las llantas y aporta las plantas. Es toda una jornada artística de responsabilidad medioambiental.